¿Es la bendición de Abraham la enunciada por la teología de la prosperidad?

Casi todas las demás enseñanzas de la teología de la prosperidad parten de esta. La proposición es como sigue: El creyente a través de la obra de Cristo en la cruz recibe como herencia la “bendición de Abraham”. Estas obviamente son riquezas materiales, salud física y “éxito”. Como dice Juan Crudo “No solamente las bendiciones físicas son parte de las bendiciones de Abraham, además le pertenece toda clase de bien.”[64]

En una predicación en el contexto de esta enseñanza él decía “¡Pronto se viene su casa nueva, su auto nuevo!”[65] Pero ¿Esta es la bendición de Abraham que enseña la Escritura? ¿Cuál es el problema con esta distorción? ¿Qué consecuencias graves puede concebir en aquel que la recibe?

“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” Génesis 12:2-3

Según Juan Crudo: “Hoy la promesa de Dios a Abraham también se cumple en usted, no la olvide: “De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente.” Recíbala, créala y se manifestará en su vida y en la de su familia.” [66]

Esta enseñanza contiene una gran verdad bíblica en cuanto a la justificación por fe. Pero lamentablemente hoy está trastornada por una interpretación errónea hecha por la teología de la prosperidad en cuanto al pacto abrahamico. Creo sinceramente que el apóstol Pablo se sorprendería al oír las enseñanzas de la teología de la prosperidad en cuanto a la bendición de Abraham que él plasmo en la Escritura. Porque la mezcla entre Israel y la Iglesia trae confusión.

Sin embargo Kenneth Hagin uno de los “padres” de la “Palabra de Fe” sabe esto y dice: “Casi cada vez que obtienes algo bueno de la palabra de Dios, o la promesa de algo bueno y una escritura en la que apoyarte, alguien salta y dice: “Eso es solo para los judíos. Esto no es para nosotros hoy día”  Quiero que sepas que la bendición de Abraham nos pertenece a nosotros. No solo le pertenece a los descendientes físicos de Abraham ¡nos pertenece a nosotros! [67]

Hagin debería saber que no se puede tomar cualquier texto y hacer doctrina en él. Sabiendo que hay ciertas técnicas hermenéuticas para interpretar la Escritura. No es como él dice “encontrar algo bueno y apoyarteEsto es lo que hacen todas las sectas para promover sus herejías. Pero Hagin se encuentra insistente y empedernido en querer torcer las Escrituras (2Pe.3:16)

Como lo hace posteriormente: “La bendición de Abraham era una bendición triple. Lo primero que Dios le prometió a Abraham fue que El iba a ser rico. ¿Quieres decir que Dios nos va ha hacer a todos ricos? Sí, eso es lo que quiero decir.”[68]

Según Hagin, usted y yo como creyentes, hemos heredado de parte de Abraham bendiciones económicas “riquezas”. Seguramente el apóstol Pablo no fue heredero de Abraham, a juzgar por su propio testimonio. Veamos como apreciaba él las cosas de su cotidianidad:

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo…” (Fil.3:7-8)

A diferencia de Hagin, Crudo y cientos más, poco le importaban a Pablo las cosas de esta vida. El sabía que esta vida es pasajera y breve. Su esperanza estaba en la vida por venir:

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Ro.8: 18)

Pero según Hagin, empecinadamente, todos los cristianos auténticos debemos ser ricos y prósperos en lo económico, como lo fue Abraham. No obstante la misma vida nos da testimonio de que eso es un anacronismo y una insensatez… ¡Que Hagin o Crudo se lo diga a los miles de fieles creyentes que se deben esconder en las catacumbas de la China, o en los países dominados por el Islam! ¡Que se lo diga a todos los fieles cristianos de ciertas partes de África, y aún de Latinoamérica! ¡Que se lo diga a toda la iglesia perseguida, en la ventana 10/40, en India, en Paquistán, Afganistán, Arabia Saudita, en el Magreb, en Chiapas (México), en Somalia, Sudán, sur de Asia, etc. etc.! Ofende ese tipo de espuria teológica.

Mejor dejemos que hablen los que saben. Dwight Pentecost nos dice según Génesis 12:2-3: “Cuando se analizan estos por menores, se ve que ciertas promesas individuales le fueron dadas a Abraham, ciertas promesas nacionales respecto a la nación de Israel, de la cual sería el padre, y ciertas bendiciones universales que abarcaban todas las naciones.” [69]

Promesas personales a Abraham: Padre de una nación grande la cual incluía reyes y naciones. Bendición personal. Su nombre engrandecido y sería de bendición.

Promesas nacionales a Israel: Nación grande e innumerable, posesión de tierra. Ambos perpetuos.

Promesas universales: Bendición a todas las familias de la tierra.

“En el desarrollo de este pacto es de suma importancia mantener claros en la mente los aspectos en los cuales se hicieron promesas, porque si las cosas pactadas en un aspecto se transfieren a otro aspecto solo resultara confusión en la interpretación subsiguiente. Las promesas personales puede que no se transfieran a la nación y las promesas a Israel pueda que no se transfieran a los gentiles.” [70]

¿Cuál es la bendición de Abraham a nosotros? Pablo escribe:

“Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.” Gálatas 3:8, 14

“Hay pues tres sentidos diferentes en los cuales uno puede ser hijo de Abraham. Primero, existe el linaje natural, o descendencia natural. Esta está limitada mayormente a los descendientes de Jacob en las doce tribus. A ellos Dios les prometió ser su Dios. A ellos les fue dada la ley. A ellos les fue dada la tierra de Israel en el Antiguo Testamento. Con ellos Dios trató de una manera especial. Segundo, existe un linaje espiritual dentro del natural. Estos son los israelitas que creyeron a Dios, que guardaron su ley, y que llenaron las condiciones para el disfrute presente de las bendiciones del pacto. Aquellos que finalmente posean la tierra en el milenio futuro también pertenecerán al Israel espiritual. Tercero, hay una descendencia espiritual de Abraham que no son los israelitas naturales. Aquí es donde entra la expresión de gálatas a todas las familias de la tierra. Esta es la aplicación expresa de la expresión en Gálatas 3:6-9. En otras palabras, en los hijos de Abraham (espiritualmente) que vienen de los paganos o gentiles se cumple ese aspecto del pacto Abrahamico que estaba relacionado con los gentiles en primer lugar, no las promesas pertenecientes a Israel. El único sentido en el cual los gentiles pueden ser descendencia de Abraham en el contexto de Gálatas debe ser en Cristo Jesús (Gál.3:28). Sigue: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” (Gál.3:29). Ellos son descendencia de Abraham en el sentido espiritual solamente, y herederos de la promesa dada a todas las familias de la tierra.[71]

El Pastor David Wilkerson es más puntual: “Amados, la bendición de Abraham es el conocimiento de que somos justificados por la fe.”[72]

La promesa de Abraham para nosotros es la vida eterna. La promesa y bendición que nos toca de parte de Abraham como creyentes que se hizo extensiva a nosotros, es la concerniente a la salvación eterna, y nada que ver con las posesiones, el “éxito”, la conquista de las naciones, la salud, buena reputación, las cosas de este mundo, etc.:

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” (Ef.1:3-5)

Como leemos, esa bendición de vida eterna, ya fue decretada desde antes de la fundación del mundo, habiéndonos escogido el Señor para ser sus hijos por adopción gracias a la simiente de Abraham: Cristo Jesús (Gál.3:16).

Insisto en que la promesa que Dios le hizo en cuanto a la tierra, fue y es para el Israel nacional (ver más sobre esto en: Gn.15:5-7, 18-21; 17:8; 26:3) Nótese a continuación que el pacto en cuanto a la tierra, tenía que ser guardado con una señal inequívoca: La circuncisión;

“Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos. Dijo de nuevo Dios a Abraham: En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones. Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros. Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros. Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generaciones; el nacido en casa, y el comprado por dinero a cualquier extranjero, que no fuere de tu linaje. Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo. Y el varón incircunciso, el que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; ha violado mi pacto (Gén.17:7-14)

Evidentemente, la circuncisión nada tiene que ver con la Iglesia (Gál.6:16), y así como la circuncisión nada tiene que ver con la iglesia, tampoco la tierra dada a Israel tiene que ver con la Iglesia. Insistimos en que la promesa que Dios le hizo a Abraham en cuanto al territorio, sólo opera para Israel. Por lo tanto, esa promesa no es para nosotros.

¿Deuteronomio 28? Recuerdo a Juan crudo diciendo en una clase del “Centro de Entrenamiento” que las bendiciones de Abraham son las descriptas por Moisés en el libro de Deuteronomio 28:1-14. Y que cuando Pablo escribe que Cristo nos redimió de la maldición de la ley (Gálatas 3:13) Se refiere a las maldiciones descriptas también en Deuteronomio 28:15-68. Esta enseñanza tiene muchos problemas de interpretación por medio de la teología de la prosperidad. Y se encuentra al borde de ser herética.

“Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa.” Romanos 4:13-14

La ley no tiene nada que ver con el pacto abrahamico. Este tipo de enseñanza marca un vacio teológico profundo que se intenta parchar con un método ingenioso pretendiendo mostrar que la ley de Moisés es la extensión del pacto. Pablo enseña que nuestra fe resultaría vana y el pacto de Abraham anulado, al instante en que se intentara juntar la fe con el pacto. El grado en que intentemos hacer tal mezcla indica la medida de nuestra inmadurez teológica. Este punto es el tema central de Gálatas. La conclusión es que Dios efectuó dos pactos, cada uno independiente del otro y con dos motivos diferentes, pero NO relacionados entre sí.

Varios maestros de la prosperidad han tratado de evitar esta línea argumentativa afirmando que Cristo nos redime de las maldiciones de la ley, pero deja intactas las bendiciones. Y para ello citan Gálatas 3:13: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición.”

Esta es una interpretación errada pues el texto se parafrasea subjetivamente: al leer las palabras “maldición de la ley,” las cambian un poco para que lean: “las maldiciones que son bajo la ley.” Pablo no se refiere a las maldiciones específicas que se encuentran en la ley mosaica, sino a todo el cuerpo de tal ley. Nada que se encuentre en la ley mosaica corresponde a algo del pacto abrahamico, ya que la ley en sí es la maldición, pues así terminó siéndolo para los judíos, al condenarlos indefectiblemente. Dios quiso que así sucediera para que los judíos pudieran reconocer su pecado y buscaran al Salvador prometido.

El contexto de Gálatas 3 carga esta interpretación. Los maestros de la prosperidad parece que no vieran el versículo 12, que dice: “y la ley no es de fe.” Entonces, si la ley no tiene nada que ver con la fe, ¿cómo se la vincula con el pacto de Abraham? Pablo continúa así: “el que hiciere estas cosas, vivirá por ellas,” es decir que si queremos vivir bajo la ley, deberemos vivir bajo su totalidad.

¿Y Cuáles serian los mandamientos de la ley? Entre otros: sacrificios de animales, matrimonio con la viuda del hermano, días de fiestas, circuncisión, restricciones en la dieta, asesinato de enemigos, etc. ¿Nos sujetaríamos a todas esas condiciones? No podemos tomar las cosas de la Ley que nos gusten e ignorar las que no nos gusten. Pero esto es exactamente lo que los predicadores de prosperidad hacen. Ellos toman promesas de prosperidad terrenal para Israel en el Antiguo Pacto y los tuercen para que parezcan ser promesas para la Iglesia en el Nuevo Pacto, pero ignoran todas las otras cosas escritas en la Ley y todos los requisitos de obediencia perfecta y absoluta.

El versículo 15 de Gálatas 3 dice: “Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade. Parece que con este tipo de interpretación torcida hacen lo que Pablo dijo que no se puede hacer. Aún con las advertencias que se encuentran en las Escrituras sobre tal atrevimiento (Ap.22:18-19)

¿Cuál es el peligro? El peligro es que se cambia el concepto de la soteriología (estudio de la salvación) Ya que aunque supuestamente sigue siendo por medio de la fe. Se agregan ingredientes que no deberían estar. Al mezclar a Israel con la Iglesia y la Ley con la Gracia. Como hacían los falsos maestros en Galacia (Gá.1:6-9). Por lo tanto al llamar a las personas con una enseñanza tan tergiversada como esta, las mismas llegan con una motivación equivocada poniendo su fe sobre una enseñanza falsa que propone la teología de la prosperidad. Creando “Otro Jesús y otro evangelio” (2Co.11:4) con él cuál las personas no pueden llegar al conocimiento de la verdad ni ser salvas.

Claramente se ve la intencionalidad de la teología de la prosperidad, cuando pone por en medio a Abraham como excusa para hacer desear, ambicionar y codiciar a sus seguidores las cosas pasajeras de esta vida: posición, buena reputación, “éxito”, fortuna, riqueza, salud, buena opinión ante los demás. Todas las cosas que cualquier impío también desea. El único que se lleva la bendición material de Abraham es el predicador que lo predica a costas de la fe y el dinero de la gente.

Pero por favor, no perdamos la perspectiva. Fijémonos en lo que la Biblia enseña acerca de amar las cosas de este mundo:

“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2: 15-17)

No podemos amar al mundo y amar a Dios. Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. (St.4:4) Vamos a tener que tomar decisiones drásticas,  tanto más, cuanto vemos que aquel día se acerca (He.10: 25).

“Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. Porquepor ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal. Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo. Filipenses 3:17-20

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Acerca de salid de en medio de ellos

Rescatado por la gracia de Dios de una Iglesia sumergida en falsas doctrinas. Hoy gracias a Él tengo el privilegio de poder defender la Sana Doctrina.
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